Pintando en la oscuridad
El historiador y teórico de arte alemán Wilhelm Worringer, consideraba que las fuentes más profundas del arte prehistórico eran la incertidumbre y el miedo del hombre, su angustia cósmica. Así lo expresó en su tesis doctoral, escrita en 1908 y publicada en 1953 con el título de Abstracción y empatía.
Saberse para la muerte, confiere un sentido trágico a la existencia humana, y el arte contribuye en gran medida a rebajar la ansiedad que produce la certeza de ese destino irrevocable. Lo expresa bien Nietzsche cuando dice que tenemos el arte para no perecer a causa de la verdad.
En la prehistoria los seres humanos habitaban un mundo hostil, desconocían las leyes por las que éste se rige, y debido a ello, una simple puesta de sol podía generar la incertidumbre de su reaparición. Su mente era prelógica, no sabían vincular los efectos con las causas de modo racional, y atribuían intencionalidad a los fenómenos azarosos. La realidad se explicaba mediante la intervención de fuerzas ocultas que actuaban desde el otro lado de lo visible, y en ese contexto magia y realidad formaban un todo.
El afán de sosiego les llevó a la creación de asideros existenciales; así, relatos simbólicos, ritos y dioses fueron surgiendo con la finalidad de rebajar su cota de ansiedad. La mayor parte de los estudiosos del arte rupestre, admiten que las pinturas de las cuevas fueron realizadas con fines mágicos. Según el antropólogo francés Lucien L. Bruhl, para la mentalidad primitiva la imagen no es una reproducción del original distinto a éste. Es este mismo original. [...] La imagen, lo mismo que la pertenencia, es consustancial al individuo. Mi imagen, mi sombra, mi reflejo, mi eco, soy yo mismo, y hay que entender esto al pie de la letra. Quien posea mi imagen me tendrá en su poder.” Tal afirmación, nos ayuda a comprender que la finalidad de esas pinturas, bien pudiera ser la posesión mágica de los animales pintados para lograr abatirlos en la caza.
Los pintores del paleolítico conocían a la perfección el medio que habitaban, estaban plenamente integrados con su entorno, y esto se refleja en sus representaciones naturalistas, porque la pintura sólo puede ser natural cuando el propio pintor es naturaleza, señala Rilke. Sin embargo, el arte del paleolítico, aunque pueda parecernos extraño, tiene bastantes aspectos en común con el arte actual. Veamos alguno de ellos.
Para el hombre primitivo, una pintura es comprensible cuando refleja lo que su mente sabe, y lo que sabe de una cosa, con frecuencia se añade a lo pintado, se hace visible. Sucede así, cuando en una pintura se agregan las vísceras de un animal a la representación del mismo, mostrando simultáneamente el interior y el exterior de su cuerpo. Lo importante de este añadido, es que, en lo pintado, no sólo se tienen en cuenta los aspectos externos de lo que se quiere representar.
Este planteamiento fue vital para el arte del siglo veinte. Los cubistas, basándose en las manifestaciones artísticas de los pueblos primitivos, incorporaron en sus cuadros un ingrediente trascendental: lo que se sabe de lo que se ve. Esto es, en sus telas, además de los objetos pintados, figuraba lo que sabían de dichos objetos. Por ejemplo, la vista de un vaso en perspectiva nos muestra una boca ovalada, sin embargo, en un cuadro cubista, dicho vaso puede representarse mediante un círculo perfecto y unas líneas verticales. No se pinta el vaso que se ve, sino el concepto de vaso. También solían añadir al plano frontal de visión, facetas laterales y posteriores de los objetos pintados, las cuales sólo podrían ser vistas rotando en torno a ellos; otra muestra de integración de lo que se sabe en lo que se ve. Este añadido aparentemente sin importancia, fue un revulsivo para el arte del siglo veinte, y no debemos olvidar que es una incorporación procedente de culturas ancestrales. Diversos autores y en particular S. Giedión, coinciden en señalar la superposición, la transparencia, la simultaneidad y el movimiento como rasgos distintivos del arte Paleolítico, y todos ellos son recursos utilizados también en el arte contemporáneo.
Puede resultar extraño, que las pinturas rupestres estén realizadas dentro de las cuevas en lugares donde no llega la luz. Quizá fuese así para facilitar la mirada interior o para concentrarse en el acto creativo. En tiempos recientes muchos pintores actúan de modo similar. Es sabido que De Kooning pintó varias de sus obras con los ojos cerrados y que sus esculturas fueron modeladas de igual manera, y son muchos los pintores que recurren al azar en busca de lo inesperado, con el fin de alejarse de manidos comportamientos.
Los expresionistas abstractos norteamericano llevaron al mundo de la pintura, la técnica de la escritura automática creada por los surrealistas, lo cual, en términos pictóricos, suponía pintar sin pensar. Es cierto que este comportamiento corresponde al estilo expresionista, pero si nos fijamos en los artistas representativos, los mejores son los que profundizan más en lo pintado, los que tienen un mundo propio, una mirada personal. Con frecuencia pintan lo que no se ve, o añaden algo más a lo visto; no se quedan en las simples apariencias, hacen que lo pintado tenga una reverberación especial. Para Deleuze, pintar es desvelar fuerzas que ni siquiera están al alcance del ojo. Según él, la música debe hacer sonar fuerzas insonoras, y la pintura debe hacer visibles fuerzas invisibles. A veces son las mismas: el tiempo, que es insonoro e invisible, ¿cómo pintar o hacer que se oiga el tiempo? ¿Y las fuerzas elementales como la presión, la inercia, el peso, la atracción, la gravedad, la germinación?... El sonido, o incluso el grito ¿cómo pintarlos? ¿Cómo hacer que se oigan los colores?... Todo esto es un problema muy consciente en los pintores".
Pensaba Paul Klee que, más que reproducir lo visible se trata de hacer visible, o lo que es lo mismo: corporeizar las propias visiones, porque el artista ve lo que el mirar no percibe.
Desde que nuestros antepasados del paleolítico reflejaron sus preocupaciones existenciales en las paredes de las cuevas, hemos evolucionado de modo sorprendente, sin embargo, somos conscientes de lo mucho que nos queda por conocer.
Hoy poseemos un pensamiento lógico, causal, que nos permite avanzar en todas las áreas del conocimiento, adentrarnos en la inmensidad del espacio y profundizar en el interior de la materia.
Sin embargo, si de lo que se trata, es de cuestiones fundamentales del Ser, entonces estamos a la par de nuestros ancestros.
No como sea el mundo es lo místico, sino que sea, escribió Witgenstein. Ante el profundo misterio de la existencia, no tenemos respuestas lógicas, el misterio del Ser es insondable. Solo cabe la sorpresa, el asombro y como respuesta a éste, la manifestación creativa a la que se ven abocados los artistas, tanto los prehistóricos como los actuales, pues en palabras de Jung: El arte es una especie de innata unidad que se apodera de un ser humano y lo convierte en su instrumento. El artista no es una persona dotada de libre albedrío que busca su propio beneficio, sino un arte que permite hacer realidad su propósito a través de él.








